Después de una experiencia potencialmente traumática pueden aparecer ansiedad, miedo, alteraciones del sueño, dificultades de concentración, cambios en las relaciones personales o problemas para recuperar el funcionamiento habitual.
La existencia de estas consecuencias puede formar parte de lo que, dentro de una evaluación psicológica forense, se analiza como posible daño psicológico.
Pero que exista afectación psicológica no significa automáticamente que exista una secuela.
La diferencia es importante porque ambos conceptos responden a preguntas distintas.
¿Qué entendemos por daño psicológico?
El daño psicológico hace referencia a una afectación emocional o funcional que aparece en relación temporal con determinados acontecimientos y que puede repercutir en distintas áreas de la vida de la persona.
No se trata únicamente de comprobar si existen síntomas.
Una valoración forense debe analizar su intensidad, duración, evolución y repercusión, pero también algo especialmente importante: qué relación pueden guardar esos síntomas con los hechos que se están estudiando.
Que una dificultad aparezca después de un acontecimiento no demuestra por sí solo que ese acontecimiento sea su causa.
Por eso el análisis no puede limitarse a establecer una secuencia del tipo «antes estaba bien y después apareció el problema».
¿Qué es una secuela psicológica?
Hablar de secuela implica dar un paso más.
Una secuela psicológica es una alteración persistente que, tras un periodo suficiente de evolución, puede considerarse estabilizada o consolidada.
Esto significa que no basta con que continúen existiendo síntomas en el momento de la evaluación.
Es necesario estudiar su evolución, los tratamientos realizados cuando los haya, la respuesta obtenida, el tiempo transcurrido y las posibilidades razonables de recuperación.
Por tanto, no todo daño psicológico termina necesariamente convirtiéndose en una secuela.
Puede existir una afectación importante durante un periodo de tiempo y posteriormente producirse una recuperación significativa. Del mismo modo, puede existir sintomatología persistente sin que toda ella pueda atribuirse al acontecimiento que se está investigando.
El nexo causal no se presupone
Una de las cuestiones más relevantes en este tipo de informes es el nexo causal.
En términos sencillos, consiste en analizar si existe una relación suficientemente fundamentada entre los hechos y la afectación psicológica observada.
Para hacerlo no basta con escuchar el relato de la persona evaluada ni con comprobar que existe un diagnóstico.
Es necesario integrar distintas fuentes de información y estudiar elementos como la secuencia temporal, la naturaleza de los hechos, la evolución de la sintomatología, el funcionamiento previo, la documentación disponible y otras posibles explicaciones.
La relación causal es, por tanto, una conclusión que debe analizarse; no un punto de partida.
¿Por qué importa el estado previo?
Porque las personas no llegan a un acontecimiento con una historia psicológica en blanco.
Puede existir sintomatología previa, tratamientos anteriores, acontecimientos vitales relevantes, enfermedades, factores de vulnerabilidad u otras circunstancias capaces de influir en el estado psicológico posterior.
Que exista un estado previo tampoco significa que deba descartarse automáticamente la repercusión de un nuevo acontecimiento.
En algunos casos puede producirse una agravación de dificultades anteriores; en otros pueden coexistir varias causas; y en otros la información disponible puede no permitir atribuir con suficiente fundamento la afectación a un único origen.
Precisamente por eso el análisis debe contemplar también hipótesis alternativas y posibles factores concurrentes.
Diagnóstico, daño y secuela no son sinónimos
Otro error frecuente es pensar que disponer de un diagnóstico psicológico o psiquiátrico demuestra automáticamente la existencia de daño psicológico derivado de unos hechos.
No es así.
El diagnóstico describe un cuadro clínico. La valoración forense debe responder además a otras preguntas: cuándo aparece, cómo evoluciona, qué repercusión produce y qué relación puede guardar con el acontecimiento objeto del procedimiento.
De la misma forma, presentar síntomas durante meses no convierte automáticamente esos síntomas en una secuela.
La evolución y la estabilización deben estudiarse en cada caso concreto.
¿Qué debería aportar una valoración pericial?
Una evaluación psicológica forense de daño no debería limitarse a enumerar síntomas.
Debe reconstruir la evolución de la persona, analizar el funcionamiento previo y posterior, integrar la documentación disponible y explicar qué conclusiones pueden alcanzarse respecto a la afectación existente y su posible relación con los hechos.
En algunos casos la información permitirá establecer esa relación con un grado suficiente de fundamento. En otros solo podrá hablarse de compatibilidad o de una posible contribución. Y también puede ocurrir que los datos disponibles no permitan alcanzar una conclusión causal suficientemente sólida.
Señalar esa diferencia es parte del trabajo pericial.
Porque en la valoración del daño psicológico, tan importante como explicar lo que puede sostenerse es dejar claro aquello que la evidencia disponible no permite afirmar.
Este artículo tiene finalidad divulgativa y no sustituye al asesoramiento jurídico ni a una valoración pericial del caso concreto.